Cada verano aumentan las reuniones al aire libre, las comidas con familiares y amigos y las celebraciones. En muchos de estos encuentros el alcohol sigue estando muy presente, a pesar de que la evidencia científica es cada vez más clara y demuestra que no existe un consumo de alcohol que pueda considerarse beneficioso para el cerebro y reducir o evitar su consumo es una de las medidas que contribuyen a proteger la salud cerebral.
Afortunadamente, según el informe European Beer Trends 2025 de The Brewers of Europe, la cerveza sin alcohol ha aumentado un 25 % en los últimos cinco años y ya representa el 7,5 % del consumo total de cerveza en la Unión Europea. Esta evolución refleja una mayor preocupación por los hábitos saludables, pero también coincide con un creciente conocimiento científico sobre cómo afecta el alcohol al cerebro.
Durante años el debate se ha centrado en la cantidad de alcohol que consumimos. Sin embargo, la evidencia científica plantea una cuestión diferente: ¿qué cerebro recibe ese alcohol? Porque, aunque el alcohol nunca es inocuo para el cerebro, sus efectos son especialmente importantes en determinadas etapas de la vida o en personas con una mayor vulnerabilidad neurológica.
El alcohol empieza a actuar desde el primer sorbo
Los efectos del alcohol sobre el sistema nervioso aparecen apenas unos minutos después del consumo. Desde ese momento disminuyen la atención, la velocidad de procesamiento, la coordinación, el equilibrio y el tiempo de reacción. Aunque la sensación más conocida sea la relajación o la desinhibición, el cerebro ya está funcionando de forma diferente, lo que aumenta el riesgo de cometer errores, sufrir accidentes o tomar decisiones impulsivas.
Además, diversas investigaciones han demostrado que incluso consumos considerados moderados pueden asociarse a cambios en la conectividad entre distintas regiones cerebrales y favorecer un envejecimiento cerebral acelerado. Cada vez existe un mayor consenso científico, respaldado también por la Organización Mundial de la Salud, en que no puede establecerse una cantidad de alcohol completamente inocua para el cerebro y que sus efectos dependen tanto de la dosis como de las características de cada persona.
Esta mayor vulnerabilidad resulta especialmente relevante durante la adolescencia y la juventud, cuando el cerebro continúa desarrollándose y madurando funciones como el aprendizaje, la planificación o el control de los impulsos. También durante el envejecimiento, etapa en la que disminuye la capacidad para compensar los efectos del alcohol y aumenta el riesgo de caídas, alteraciones de la memoria o problemas de atención.
Otra situación en la que conviene extremar la precaución es cuando se siguen determinados tratamientos farmacológicos. El alcohol puede interactuar con numerosos medicamentos, entre ellos antiepilépticos, ansiolíticos, antidepresivos, relajantes musculares, opioides y algunos analgésicos, potenciando sus efectos secundarios, disminuyendo su eficacia o aumentando el riesgo de somnolencia, caídas, alteraciones de la coordinación y otros efectos adversos. Por este motivo, antes de consumir cualquier bebida alcohólica es fundamental consultar el prospecto y seguir las recomendaciones del profesional sanitario.
Las bebidas sin alcohol, una alternativa para cuidar la salud cerebral
Por todo ello, cada vez son más las personas que optan por bebidas sin alcohol, como la cerveza 0,0, dentro de un estilo de vida orientado al cuidado de la salud. Estas alternativas permiten evitar la exposición del organismo a los efectos del alcohol y pueden ser una opción para quienes desean reducir o eliminar su consumo.
La evidencia científica ha cambiado la forma de entender la relación entre alcohol y salud cerebral. Hoy sabemos que el alcohol no es inocuo para el cerebro y que sus efectos dependen tanto de la cantidad consumida como de las características y circunstancias de cada persona. Por ello, reducir o evitar su consumo constituye una de las medidas que contribuyen a proteger la salud cerebral a lo largo de toda la vida.
Pequeñas decisiones cotidianas, como elegir una bebida sin alcohol, pueden formar parte de unos hábitos de vida más saludables. Junto con una alimentación equilibrada, la actividad física, un buen descanso, las relaciones sociales y el control de los factores de riesgo cardiovascular, ayudan a mantener un cerebro más sano y a reducir el riesgo de enfermedades neurológicas.
Referencias
- World Health Organization (WHO). No level of alcohol consumption is safe for our health. 2023. https://www.who.int/europe/news/item/04-01-2023-no-level-of-alcohol-consumption-is-safe-for-our-health
- The Brewers of Europe. European Beer Trends 2025. https://brewersofeurope.eu/european-beer-trends/
- Daviet R, et al. Associations between alcohol consumption and gray and white matter volumes in the UK Biobank. Nature Communications. 2022;13:1175. https://doi.org/10.1038/s41467-022-28735-5
- Topiwala A, Ebmeier KP. Effects of drinking on late-life brain and cognition. Evidence-Based Mental Health. 2018;21(1):12-15. https://mentalhealth.bmj.com/content/21/1/12
- National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA). Alcohol’s Effects on the Body. https://www.niaaa.nih.gov/alcohols-effects-health/alcohols-effects-body
- Ministerio de Sanidad. Alcohol. Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención. https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/alcohol/
- Ministerio de Sanidad. ESTUDES 2025. Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España https://pnsd.sanidad.gob.es/
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Global status report on alcohol and health. https://www.who.int/publications/i/item/9789240096745